🐾Rous, la gatita que decidió vivir ❤️

🐾Rous, la gatita que decidió vivir ❤️

Una pequeña guerrera de 50 gramos que cambió mi vida para siempre

Hay historias que comienzan con un nacimiento, pero la de Rous comenzó con una lucha por vivir.

Cuando llegó al mundo, pesaba tan solo 50 gramos. Era tan pequeñita y frágil que cada día a su lado se convertía en un desafío. Desde el primer momento supe que tenía que luchar por ella, aunque muchas veces no supiera si estaba haciendo todo lo que necesitaba.

La alimentaba, la vigilaba y vivía pendiente de cada pequeño movimiento. Apenas dormía. Mi mayor preocupación era que siguiera adelante, que tuviera fuerzas para crecer y que no se rindiera.

Muchas veces, mientras la sostenía entre mis manos, le repetía:

«Tú no te vas a morir, tú vas a vivir, pequeña. Vamos a conseguirlo juntas».

No sabía entonces cuántas veces tendría que repetir esas palabras para darme fuerzas también a mí.

Cada día era una nueva batalla

El camino de Rous no fue fácil. Hubo momentos en los que parecía que todo iba bien y, de repente, llegaba otro susto.

La deshidratación, la pérdida de peso y su escaso apetito me mantenían en una preocupación constante. Era muy débil y hubo momentos en los que sufrió bajadas de glucosa que me hicieron vivir con el corazón encogido.

Recuerdo la angustia de aquellos instantes y cómo, siguiendo las indicaciones que tenía para atenderla, recurría a una pequeña gotita de miel en su lengua cuando era necesario para intentar ayudarla ante una bajada de azúcar.

Cada toma era importante. Cada gramo ganado, una alegría. Y cada vez que la veía más flojita, volvía el miedo.

Pero yo no quería rendirme. Mientras ella siguiera luchando, yo iba a continuar a su lado.

Cuando su pequeño cuerpo necesitaba ayuda

También hubo días especialmente difíciles porque Rous no conseguía hacer de vientre. Podía pasar tres o cuatro días sin hacerlo, y eso significaba nuevas preocupaciones y visitas al veterinario.

Vivía pendiente de ella, buscando soluciones y sufriendo al verla tan pequeñita y con tantas dificultades.

Llegó un momento en el que aprendí a ayudarla yo misma con un pequeño enema, con muchísimo cuidado, porque necesitaba encontrar la manera de aliviarla cuando no conseguía evacuar. Fueron momentos de mucha responsabilidad y miedo, siempre intentando hacer lo mejor por ella.

No cuento esto para presumir de lo que hice, sino para explicar hasta qué punto llegué a implicarme en su cuidado. Rous dependía de mí y yo quería darle todas las oportunidades posibles para salir adelante.

No era solo cuidar de una gatita. Era luchar cada día por una vida que apenas acababa de comenzar.

Las personas que me sostuvieron cuando yo más lo necesitaba

Aunque muchas veces sentía que la responsabilidad recaía sobre mis hombros, no estuve sola.

Quiero dar las gracias de corazón a mis amigas Alba, Merche, Yoli, Velicková y Tania, por estar pendientes de mí, por escucharme, por tranquilizarme y por acompañarme en aquellos momentos en los que el miedo podía conmigo.

A veces, cuando estás luchando por salvar a un ser tan pequeño, necesitas que alguien te recuerde que no estás sola. Ellas estuvieron ahí, pendientes de Rous y de mí, dándome ánimo cuando más falta me hacía.

Y quiero agradecer especialmente al veterinario Roberto, que conoció a Rous cuando apenas tenía una semana de vida.

Él pudo verla en sus momentos más delicados y hoy, al contemplar su evolución, alucina con el cambio de aquella pequeña que parecía tan frágil.

Ver cómo ha evolucionado es una alegría inmensa. Porque quienes conocieron a Rous al principio saben que llegar hasta aquí no fue nada sencillo.

De 50 gramos a una pequeña guerrera

Con el paso del tiempo, Rous fue creciendo. Poco a poco, aquella gatita tan diminuta comenzó a demostrar que dentro de su pequeño cuerpo había una enorme voluntad de vivir.

Cada avance tenía un valor especial. Para otras personas podía ser simplemente una toma más, unos gramos de peso o un día sin sobresaltos. Para mí, cada pequeño progreso era una victoria.

Yo conocía sus noches difíciles, sus momentos de debilidad y cada uno de los sustos que habíamos pasado juntas.

Por eso, verla crecer significaba mucho más que verla convertirse en una preciosa gatita Persa. Significaba recordar todo lo que habíamos superado.

Y así nació su historia, la de mi querida Rous, la gatita que decidió vivir.

Aunque en casa también tiene un apodo muy suyo: mi pequeña Gremlin. Porque detrás de aquella bolita diminuta que tanto me hizo sufrir, fue apareciendo una gatita con su propia personalidad, capaz de llenar mis días de amor y de devolverme, poco a poco, toda la esperanza que tantas veces había sentido tambalearse.

Una historia que siempre llevaré en el corazón

Rous me enseñó que el amor también significa permanecer despierta cuando el cuerpo te pide descansar, vivir pendiente de una respiración, celebrar un pequeño avance y volver a intentarlo después de cada susto.

Me enseñó que hay luchas que no se miden por el tamaño de quien las protagoniza, sino por la fuerza que puede esconder un corazón diminuto.

Hoy, cuando la miro, no veo solamente a una gatita preciosa. Veo todas aquellas noches, las visitas al veterinario, las lágrimas, los miedos, las manos que me ayudaron y las personas que estuvieron conmigo cuando más lo necesitaba.

Veo a Alba, Merche, Yoli, Velicková y Tania, que me dieron apoyo y tranquilidad. Y recuerdo a Roberto, que la conoció cuando apenas tenía una semana y que hoy puede admirar su evolución.

Porque Rous no llegó a mi vida para enseñarme que todo es fácil. Llegó para demostrarme que, incluso en los comienzos más difíciles, merece la pena luchar y dar una oportunidad a la vida.

Puede que todos vean a una preciosa gatita Persa. Yo siempre veré a aquella pequeña de 50 gramos que decidió quedarse conmigo.

Mi pequeña guerrera. Mi querida Gremlin. Mi Rous.

Y esta es, y siempre será, una de las historias más especiales de Bugatti Sugar.

Con todo mi amor,

Carmen Velasco
Bugatti Sugar By Carmen